sábado 22 de diciembre de 2007

TLC ¿un “globo de engaño”?

En verdad, en verdad hablando, el del TLC o de la globalización no es un tema literario. Lo es, más bien, de orden económico. El literato -y es mi caso- se maneja más con el corazón. El economista, lo hace con la razón. Pero, si nos atenemos a la famosa frase de Blas Pascal, que dice: "el corazón tiene sus razones que la razón desconoce", no me amilano de opinar sobre el tema planteado en el título.

Cada cierto tiempo -en la vida social- se sueltan "globos de ensayo" para distraer la atención y desviar a la opinión pública respecto de asuntos cruciales que son de interés vital, y se los reemplaza por otros más efectistas como, por ejemplo: pena de muerte a quien viole y mate a un niño menor de siete años; no cumplir con el mandato de indemnizar a los familiares de los eliminados por las fuerzas del orden en la lucha antiterrorista (eliminados que no necesariamente eran terroristas); vender el avión presidencial para comprarse otro más pequeño (ocurrió lo segundo, pero lo primero no); arremeter contra los trabajadores de la educación (SUTEP), llamándolos comechados e ineptos (algo similar se hizo después con los de la Universidad: FENDUP); amenazar con publicar los nombres de los acusados por terrorismo y luego liberados después de largos meses y hasta años de prisión, y lo último: llamar "perro del hortelano" a todo aquel que se opone a la depredación de las riquezas del país, lo cual está muy ligado con el tema arriba aludido.

La globalización, las inversiones y el comercio del gigante del Norte, se dice, permitirán que el Perú se enrumbe (como por un tubo) por la vía del desarrollo. Pero, nuestro corazoncito nos dice que "ese mismo bolero / lo escuché tantas veces", que "esa película ya la han dado". La globalización la han practicado todos los imperios, que en el mundo han sido y son (comenzando por el romano, pasando por el incaico y llegando al actual norteamericano). La diferencia es que los del pasado no tuvieron Internet ni aviones supersónicos ni transacciones financieras virtuales; y el actual, sí. Pero todos los imperios son clonados por la depredación de los países explotados (subdesarrollados es un eufemismo: nunca se desarrollarán, si siguen atados al imperio).

El mismo gobernante que en su primer fracaso "rompió" con el imperio sin alternativa, pretende hacernos creer que someterse al imperio en este segundo quinquenio significará poner al Perú poco menos que en el paraíso de la equidad, del reparto de la riqueza entre los más pobres, etc. Pregunto, ¿en cinco años se va a lograr lo que no hicieron todos los gobiernos de la república que usaron la misma estrategia entreguista?

Ciento ochenta y seis años de entreguismo al mismo imperio (con un leve matiz: del inglés al yanqui) no han dejado otro saldo que la misma imagen del Perú: de ser "un mendigo sentado en un banco de oro". ¡Cuántas generaciones de peruanos traicionadas! Hundidas en la pobreza, extendiendo su mano para recibir mendrugos (e insultos por la osadía de reclamar ese mínimo derecho).

Mientras los herederos de la casta feudal española se siguen enriqueciendo con la venta del oro de ese banco sobre el que se sientan las mendigas comunidades campesinas. ¿Así se va a desarrollar el país, limitándose a ser un simple exportador de su miseria, perdón, de su minería?

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martes 18 de diciembre de 2007

DOS COMENTARIOS A "EL MENTIROSO Y EL ESCRIBIDOR"

MANUEL JESÚS ORBEGOZO

Naturalismo o realismo

El escritor chiclayano Julio C. Fernández Carmona no le perdona ni siquiera el mal uso o el olvido de una coma a Mario Vargas Llosa.

Se encuentra en circulación el libro “El Mentiroso y el Escribidor. Teoría y práctica literarias de Mario Vargas Llosa” de Julio César Fernández Carmona, conocido escritor peruano de quien se dice que, como pocos, “suele concitar muchas y muy variadas reacciones, de coincidencia o de rechazo, de elogio o de insulto airado”. En efecto, el presente trabajo realizado por Fernández Carmona no tiene por qué escapar a la definición que los mismos editores han consignado en relación con el comportamiento crítico del autor.

Severidad crítica

Desde el nombre del libro mencionado se entenderá que Fernández Carmona cae en uno de los apelativos que provocan su inevitable rechazo. El nombre de “El Mentiroso y el Escribidor” es un juego de palabras zahirientes porque reemplaza a “Julia y el Escribidor”, una de las obras del novelista Mario Vargas Llosa.

Las más de 400 páginas del libro están escritas en lenguaje críptico o excesivamente explicito, hay muchas páginas honorables porque demuestran la severidad crítica del autor sobre problemas estéticos, pero muchas donde cae en las menciones conocidas en el vulgo, como “chacota”. Por supuesto que en el terreno de las opiniones o de la crítica toda exposición ideal es válida porque representa el sentir y el pensar de quien lo expone. En este caso, todo lo académico o lo vulgar que se pueda encontrar en las páginas del libro son responsabilidad absoluta del autor.

Antiandinista


No es la primera vez que se escriben libros de crítica sobre Vargas Llosa, se cuentan decenas acaso, y no todos son laudatorios. Los escritores peruanos, salvo los de élites conocidas, criticaron muy severamente a MVLL desde que se conoció su posición política, social y étnica. Su posición antiandinista –donde José María Arguedas constituye un autor prototípico– le crearon numerosos rechazos principistas. Al respecto, para demostrar hasta qué grado de rechazo llegan algunos intelectuales o artistas peruanos, baste señalar que una exposición exclusiva del pintor cajamarquino Andrés Zevallos, la hizo como medio de protesta y reivindicación de la posición antiandina vargasllosina. Y el rudo crítico Tomás G. Escajadillo, en su libro “La Narrativa Indigenista”, le dedica numerosos párrafos de crítica a su posición en antiindigenista, aunque también a numerosos escritores que se consideran equivocadamente dentro de esta tendencia.

Comas olvidadas

A pesar de que el libro contiene lúcidas referencias a la obra de Vargas Llosa, no deja de tener referencias donde salta su trato subalterno y “aun agrega que esa situación
cleplótoma busca suprimir la realidad”, en sus argumentos para afianzar el realismo. Fernández Carmona no le perdona ni siquiera el mal uso o el olvido de una coma.

El libro está dividido en cinco capítulos y como dicen los editores: “Su autor, Julio Carmona, se ha propuesto demostrar en este estudio que las concepciones estéticas y las obras narrativas de Mario Vargas Llosa no responden a los postulados del realismo sino del naturalismo”. A propósito, el fondo del libro estriba en comprobar cuál de las dos opciones teóricas esgrime su obra: el naturalismo o el realismo. Es el aporte a la dilucidación de un intenso debate.

Antes, “pasa revista al marco teórico del narrador, (con relación a la creación artística y la realidad) y fundamenta discrepancias con rigor y entusiasmo polémico”. No se sabe si MVLL tendrá en este “El Mentiroso y el Escribidor”, no un nuevo dolor de cabeza, sino posiblemente algo nuevo en qué distraerse.

WALTER SAAVEDRA

COMENTA EL COMENTARIO DE M. J. ORBEGOZO

Sobre Julio César Fernández Carmona dice Manuel Jesus Orbegozo: «Las más de 400 páginas del libro están escritas en lenguaje críptico o excesivamente explicito, hay muchas páginas honorables porque demuestran la severidad crítica del autor sobre problemas estéticos, pero muchas donde cae en las menciones conocidas en el vulgo, como "chacota".»

Las palabras de Orbegozo, sobre el libro que Julio Carmona (como siempre lo hemos conocido nosotros desde que lo hemos conocido en aquel Patio de Letras de la CU de San Marcos) son buenas, pero... Ya no leo con gusto a este Orbegozo tan diferente a aquel que yo conocí cuando él era el Presidente de la Asociación Peruano China. Ya no leo con gusto a este Orbegozo que visité en una ocasión cuando debía conversar con él sobre quién sabe qué y me dijo quién sabe qué. Lo siento con una cautela exagerada. Lo siento con la actitud de dar halagos con una mano y borrarlos con la otra. Lo siento ser ni de aquí ni de allá. No le recrimino nada a Orbegozo. Nadie soy para recriminar nada a nadie. Solo opino… si opinar es decir lo que se piensa y lo que se siente cuando se quiere decirlo. Es asunto suyo ser como quiera ser. Y es asunto suyo si no es quizás como yo pienso que es.

Como quiera que sea, sus palabras, siendo como considero que son, despiertan nuestro interés por el libro "El Mentiroso y el Escribidor. Teoría y práctica literarias de Mario Vargas Llosa" de Julio César Fernández Carmona... Nuestro tan querido Julio Carmona, Carmona no ha perdido su acerado estoque, que siempre le conocimos. Se ha hecho más maduro, eso sí. Su estilo es el del estilista que da estoques de acuerdo con quien combate, mandobles por aquí mandobles por allá… puede ser muy elegante, puede ser muy falto de elegancia... de esa elegancia señorial que se considera tradicionalmente "elegancia" (¿Dónde habrá dejado su dedo meñique?). Pero es él. Siempre sera él. Siempre será Julio Carmona.

Lo que leo de Julio Fernández Carmona ahora y siempre, lo retratan como alguien que sabe lo que dice porque siempre tiene algo que decir, diferente a lo que pensamos y, sin embargo, en la línea de lo que pensamos. Aprendemos de él. Gozamos aprendiendo con él. A veces resulta demasiado agresivo para nuestro gusto. A veces resulta demasiado arremetedor para nuestro gusto. Quizás pierda, en algún instante, de vista el objetivo entusiasmado con la necesidad de conseguir ese objetivo. Cosas que ninguno de nosotros puede estar libre. Pero eso hace aún más interesante lo que Julio acostumbra entregarnos siempre, hace más interesante este libro que nos entrega ahora. Leer este libro suyo, que arremete con todo, contra aquel que se ha considerado el representante de lo peruano no conociendo el Perú, es algo que siempre será una tarea de todos aquellos que, si, amamos el Perú; será siempre una tarea de quienes, si, aman el Perú porque conocen algo de él. Y lo conocen bien por haber vivido, gozado, sufrido, en fin, por haber formado parte de la vida de todo aquel que vive y sabe vivir. Lamentablemente, Vargas Llosa jamás vivió en el Perú. Siempre estuvo inmerso en su propio mundo, del que no quiere salir hasta ahora. Vargas Llosa –no confundir con su hijo y peor escritor Álvaro- aprendió a escribir y jamás se preocupó por aprender a conocer al ser humano mas allá de sí mismo. En todos sus personajes está él, actuando de una u otra manera. Los personajes de sus obras "andinas" son costeños como él, sino el mismo Marito siempre una vez más. La única obra que me gustó muchísimo fue "La guerra del fin del Mundo", que es completamente diferente, en su trato de los personajes, y la presentación de los mismos, a todas sus otras novelas. Por cierto que es la única obra de la que lo han acusado de plagiario. Aunque no creo que lo haya sido. Simplemente debe haber utilizado un material no suyo para hacer algo diferente pero no tan diferente, lo suficientemente diferente para que no sea literalmente hablando, legalmente hablando, un plagio.

No hemos leído el libro de Julio Carmona. Esperamos hacerlo pronto. Recomendamos también nosotros su lectura. Recomendamos que bebamos su cicuta ofrecida a Vargas Llosa como una ofrenda dada por Sócrates, no bebida por Sócrates. ¡Mario Vargas Llosa un mitómano? Sí, pero porque siempre ha vivido fuera de la realidad de los demás. Siempre vivió en un mundo de fábula. Siempre vivió donde nadie, ni siquiera él mismo ha vivido nunca. Marito es una novela que se escribe cada instante de manera diferente para decir siempre lo mismo. Es ciertamente un mitómano. ¿Mentiroso? El mentiroso sabe que miente. Marito cree que dice la verdad. Una verdad que inventa pero que no sabe que inventa, sino que piensa que vive y que todos los demás también lo viven porque él lo vive y nada más. Leeremos con el mayor de los placeres este libro de Julio César Fernández Carmona. Debió aprovechar Julio para mandarse un cherri sobre donde se vende y el precio y todo aquello que bien nos cae a quienes queremos obtener su libro. Esperemos que lo haga pronto.

Walter Saavedra.


jueves 13 de diciembre de 2007

DEDICACIÓN EXCLUSIVA

La expresión del título de este artículo es una de las condiciones laborales con que se asume la docencia universitaria. Las otras son: tiempo parcial y tiempo completo. La aspiración no sólo del docente sino de la institución universitaria misma es alcanzar (para todos) el régimen o condición laboral de “dedicación exclusiva”. Lamentablemente, en los últimos tiempos esta modalidad ha pasado a ser un “saludo a la bandera”, es decir, una situación de puro formulismo. La mayor parte (no todos: a mí que me revisen) de los docentes a “dedicación exclusiva” no lo son. Ya sea porque se dedican a otras actividades (jueces, ingenieros, médicos, etc.) o porque -dentro de la misma enseñanza- deben hacerlo en otras universidades.

En ese panorama, como se observa, hay dos situaciones perfectamente distinguibles: a) el que no se cumpla con la dedicación exclusiva a la enseñanza (haciéndolo en otras actividades), y b) el que no se cumpla con la dedicación exclusiva a la universidad en que se trabaja (haciéndolo en otras universidades). En ambos casos, la causa y el efecto son de carácter económico. Evito entrar en el análisis ético de la situación. Sólo quiero confrontar un hecho histórico. Que han transcurrido ochenta y ocho años de la Reforma Universitaria que -iniciada en Córdoba, Argentina, en 1919- removió en toda nuestra América los cimientos de esa institución tan antigua (y tan necesaria) como es la Universidad, y lo decisivo es ver que, ya entonces, dicho acaecimiento reclamaba “la dedicación exclusiva del maestro a la enseñanza”.

Y, en tal sentido, qué actual deviene esta observación de José Carlos Mariátegui: “El maestro universitario sigue siendo entre nosotros un diletante (un aficionado) que concede un lugar muy subsidiario en su espíritu y en su actividad a su misión de educador. Este es, ciertamente, en gran parte, un problema económico. La enseñanza universitaria permanecerá entregada al diletantismo mientras no se asegure a los profesores capaces de dedicarse absolutamente a la investigación y al estudio, el mínimo de renta indispensable para un mediano tenor de vida.” (7 Ensayos, p. 129). Es esa una situación que se pretendió paliar con el Artículo 53º de la Ley Universitaria, desde 1983 en que fue promulgada, es decir que “las remuneraciones de los profesores de las Universidades públicas sean homologadas (equiparadas) a las de los Magistrados Judiciales”.

Pero, en lugar de cumplirse con lo primero, en la Constitución Política (desde 1931) ya se les concedía a los magistrados la posibilidad de percibir la remuneración adicional de docente universitario (Artículo 146º, CPP de 1993). O sea que los docentes universitarios nunca (hasta ahora) han podido tener un sueldo similar al de los jueces; pero éstos sí pueden percibir, además de su sueldo, el otro sueldo de docente universitario. O sea que si un Juez gana cinco mil y es profesor universitario está percibiendo, en total, siete mil; y si se da la homologación percibirá diez mil; mientras que un profesor universitario que, en la actualidad, percibe dos mil (hablamos del Principal a dedicación exclusiva), en el caso de que se dé la homologación, percibirá sólo cinco mil.

Volviendo, pues, a la Dedicación Exclusiva, el Juez nunca será el docente idóneo que reclamaba la Reforma Universitaria: dedicado exclusivamente a la enseñanza. Y el docente universitario a dedicación exclusiva nunca será homologado como Juez, porque éste siempre tendrá la posibilidad de ganar doble. Y, como diría Vallejo: “Cuál mi explicación”, pues, que vivimos en el Perú. Y no es poco decir.


miércoles 5 de diciembre de 2007

¿VALLEJO JUEZ? NO, POR FAVOR…

He recibido dos noticias, paralelas, relacionadas con nuestro poeta César Vallejo. Una de ellas alentadora: el Poder Judicial se reivindica y declara la absolución del ciudadano César Abraham Vallejo Mendoza del crimen que se le imputó de haber saqueado e incendiado una casa (ojalá, nada más, después no se le ocurra a un desquiciado gobernante protestar por esa absolución y pedir un nuevo juzgamiento). La otra noticia, desconcertante, es que el mismo Poder Judicial ratifica el nombramiento de Juez de Paz que en Trujillo se le otorgara (antes, seguro, del malhadado proceso). Lo primero, sólo se justifica si el Poder Judicial le pide disculpas públicas por haberlo perseguido -hasta después de muerto- por ese "crimen que no cometió". Pero por lo segundo, el mismo Poder Judicial debe desistir de hacerlo. Porque la designación de César Vallejo (como ciudadano) en calidad de Juez de Paz, en lugar de constituir un reconocimiento, denigra su memoria. César Vallejo, como ciudadano (y menos como poeta), no puede ser integrado a una institución tan devaluada como es el poder judicial peruano. Una institución que, además, durante toda su estada de adulto en el Perú, lo persiguió y vivió amenazándolo con reabrirle un proceso a todas luces injusto. Y que, si se hubiera quedado en el país, habría sido acusado de terrorista y encarcelado nuevamente, sin ningún miramiento. Es decir, no es nada honroso pertenecer a una institución en la que la sola mención de la palabra "juez" nos hace volver 'los ojos, locos, como cuando por sobre el hombro nos llama una palmada'. ¿Con qué derecho se le infringe esta afrenta a un hombre, indefenso, que ya no puede pronunciarse sobre esa infamia? No cabe duda: a César Vallejo le siguen pegando, duro, con una soga y con un palo también. ¿A quién le han consultado para seguir injuriándolo con una denominación que -en estos tiempos de locura gubernamental- lo que hace es afrentar, porque el poder judicial es parte de ese estado corrupto? Un Estado donde para encontrar un juez probo, hay que salir -como Diógenes- con una linterna encendida a plena luz del día, buscándolo. ¿Se quiere hacer eso con Vallejo?, ¿que se le encuentre como "juez" para demostrar que no todo está perdido en el poder judicial? Si hay una profesión reñida con la única profesión -de poeta- de Vallejo, es la de juez. Seguramente en otros regímenes y en otros estados o países (¿en qué lugar que no sea Utopía?) se ha de reconocer a los jueces un estatus digno. Pero en el Perú de hoy, no. Otorgarle a Vallejo la calidad de juez, "sin que él les haga nada", es para escuchar su propia voz diciendo: "me han matado, obligándome a morir". Porque hacerle eso a César Vallejo o a sus cenizas, sin poder descansar, estando no obstante tan lejos, es volver a hacerle sufrir su muerte de todos los días. Recuerdo que a mediados del siglo pasado hubo varios intentos por repatriar sus restos, y en esa época se protestó contra esa decisión gubernamental. Entonces estaba viva su viuda, y ella lideró esa protesta. Pero también hubo voces dignas que se unieron al reclamo de Georgette (la dignísima Georgette). Hagamos lo mismo ahora. Unámonos para protestar contra esa vileza, exigiéndole al Poder Judicial que no cometa ese despropósito contra nuestro más grande poeta, que no le sigan pegando, estando muerto... ¿Hasta cuándo el martirio durará?